Pentecostés. Algunas reflexiones

Pentecostés es la festividad de la Iglesia católica que conmemora la venida del Espíritu Santo. Se celebra 50 días después del Domingo de Resurrección y es el domingo que pone final al tiempo pascual.

En un vídeo elaborado por el párroco de San Juan Bautista de la Concepción de Madrid, P. Domingo Conesa Fuentes, OSST, y Miguel Rosique Rodríguez, laico trinitario, compartimos algunas reflexiones del P. Manuel Fuentes para entender y vivir con mayor profundidad esta celebración.

 

Pentecostés, por P. Manuel Fuentes

Un alumbramiento maravilloso, en el que intervienen el Padre y el Hijo, que nos dan su propio Espíritu.

Pentecostés nos trae el fruto de la Pascua. Con la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia y sobre cada una de las almas se completa la obra redentora de la Trinidad.

El Padre y el Hijo nos dan el regalo del Espíritu Santo que viene a quedarse con nosotros para testificar la entrega de Dios al alma.

El Espíritu Santo en Persona nos trae la vida de la Trinidad… Nos llena de luz, del conocimiento del Padre y del Hijo. No podíamos pedir mejor Maestro.

El Padre ha depositado en nosotros su Espíritu. En su Don propio, nos anticipa la ternura que siente por nosotros y la herencia que nos reserva.

Él nos enseña todo y nos transformará en una copia del Unigénito de Dios.

Por medio de este Fuego de Pentecostés, activo siempre en nosotros, se realiza y entramos a vivir en comunión con el Padre y el Hijo, al propio tiempo que nos unimos a nuestros hermanos, puesto que Él es el Dios de la paz y del amor.

Como foco de la llama divina mantiene encendido y acrecienta el fuego del amor de Dios…

La obra de Jesús estaba llamada a conseguir la plenitud. A fortificar en las almas, por la mano poderosa, el arte de persuasión, el aliento vivificante de su Espíritu.

Desde Pentecostés la Iglesia posee el Don del Espíritu. No está sola. Dios no está ausente de su Iglesia. El Espíritu del Padre y del Hijo permanece y opera en ella.

Con Él que nos une al Padre y al Hijo, formamos una “Sociedad” potente, siempre abierta a nuevas conquistas.

Demos un puesto al Espíritu Santo en nuestras vidas. Allí donde encuentre docilidad renovará la transformación del Pentecostés de cada día que supone Él para nosotros y para el mundo.

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